
A la orden su merced que se le ofrece le tengo fritanga, chorizos, arepas, longaniza; que se le ofrece siga, siga a la orden, deliciosa fritanga, que desea.
En medio de una calle transitada por los carros y las personas que se dirigen hacia la plaza, para hacer mercado porque allí todo lo encuentran de buena calidad y a un buen precio. María Elvira serrato, se dedica a vender fritanga en un carrito pequeño, en forma de cubo, donde trae su asador y una pipeta de gas para fritar las carnes y las distintas especies que trae un plato tan popular como este. Una sombrilla que cubre totalmente el carro, cubriéndolo así del sol o la lluvia que se puede presentar durante un día de mucho movimiento y ventas.
"toda mi vida he trabajado en esto, es lo único que se hacer y lo único que me ha dado para comer a mi y a mis hijos durante todo este tiempo", dice María Elvira una señora de aproximadamente unos 70 años de edad, los cuales ha dedicado al cuidado de sus hijos y de su negocio. "tengo diez hijos, quienes ya están grandes cada quien ya tiene su familia, organizados y radicados en Bogotá"; "el mayor tiene 55 años y el menor 27 años y a todos los he logrado sacar adelante con el esfuerzo y sudor que me produce el humo de la parrilla, cada vez que preparo una exquisita fritanga, la que brindo con amor a todo aquel que me hace la compra, porque cada vez que alguien lo hace contribuye en le bienestar de todos los que nos dedicamos a esto".
AQUÍ ES DONDE TODO EMPIEZA
Hace 40 años que vivo aquí en la Mesa, pero nací en Anapoima; lugar donde empieza la historia de mi vida. Soy la cuarta de siete hijos, mi madre murió cuando yo tenia 12 años de edad, a mi padre nunca tuve la oportunidad de conocerlo, lo único que se de él es que fue un hombre que siempre lucho por su familia y quiso lo mejor para ella, hasta el momento en el que el cáncer lo permitió.
A partir de ese momento mi mamá que a la cabeza de la familia, sola con siete hijos y sin ningún apoyo económico del gobierno; así como ocurre en los hogares colombianos que por los golpes inesperados de la vida, quedan desprotegidos y expuestos a lo que pueda pasar en adelante. Lo que siempre le admire a mi madre fue que nunca se dejo desvanecer por la soledad y las circunstancias de la vida, a pesar de la situación económica que estábamos viviendo por la muerte de mi padres, ella siempre buscaba la forma de no dejar que nos fuéramos a la cama sin probar bocado. Como esta son muchas las cosas que le aprendí a mi madre, por eso en el momento en el que ella dejo de existir, supe que en mis manos y en la de mis hermanos mayores quedaban las vidas de nuestros hermanos menores, quienes a pesar de los golpes de la vida eran inocentes aun, por lo tanto no sabían enfrentarse a la vida.
Cuando mi madre murió a mi me toco empezar a trabajar, vendiendo mangos en las esquinas de una plaza de mercado, por donde transitaban muchas persona a diario; mientras que a mis hermanos mayores les tocaba trabajar en un cultivo de papa, cuando era la temporada de cosecha, mientras tanto se dedicaban hacer labor de jardinería en las distintas fincas de Anapoima. De esta forma nos ayudábamos así mismo y buscábamos un mejor futuro para nuestros hermanos menores. Porque ni ellos ni nosotros teníamos la culpa de los hechos ocurridos y los que marcaron nuestras vidas; eso era lo que nos caracterizaba y se que mi madre allá en el cielo estaba orgullosa de nosotros, la unión que había en nosotros y el amor que nos mantenía fuertes y vivos.
A los 25 años de edad conocí a José, el hombre que fue padre de mis hijos y con quien disfrute muchos años de mi vida. Era un joven bien parecido y de buen perfil personal, era un comerciante de la plaza y fue allí donde nos conocimos y nos dimos cuenta de que éramos el uno para el otro. José, padres de mis diez hijos y esposo que estuvo conmigo hasta el ultimo suspiro de su preciada vida, fue mi apoyo incondicional y con él tuve un hogar que era casi perfecto; juntos trabajábamos y luchábamos por el bienestar de nuestros hijos, los dos sabíamos que para obtener algo siempre había que trabajar para conseguirlo.
Precisamente esa era una de las cosas que me enamoraban de él, su sencillez y humildad que lo caracterizaba como una persona de bien y trabajadora; para mi José era el hombre perfecto, tanto así que yo vivía agradecida con Dios por habérmelo puesto en el camino. Hasta el día de su muerte, ese día sentí la misma sensación que sentí cuando mi madre murió; fue algo tan doloroso que fue una herida muy difícil de sanar, todo era tan similar, solo que ya no era a mi hermanos pequeños los que tenia que cuidar, eran mis hijos quienes dependían solamente de mi mano, porque la de su padre ya no podía estar presente.
EL NUEVO CAMINO QUE HAY QUE TOMAR
A los 30 años tome la decisión de buscar otros horizontes, nuevas tierra y aires nuevos. Entonces viaje a la Mesa, donde estoy radicada hace 40 años y donde soy conocida por la sazón de mi fritanga, la cual ha gustado a muchas personas del pueblo, en especial a los vecinos de las veredas cercanas, quienes entre semana hacen una pequeña parada para degustar de mi fritanga, mientras recorren el duro camino de todos los días.
Muchos de ellos son mis amigos y mis clientes mas especiales y fijos que tengo pero los mejores clientes que yo tengo son los turistas que viene de las otras ciudades a conocer la gente y el ambiente de la Mesa; razón por la cual también conocen el rico sabor de mi fritanga. Desde que vivo en la Mesa he podido encontrar mi verdadero hogar, después de José no he conocido a otro hombre en mi vida, pero tampoco me hace falta, por que de lo que estoy segura es que José vivirá siempre en mi corazón.
En este pueblo he criado a mis hijos, todos ellos desde pequeños han sido un apoyo para mi por que me han colaborado mucho, así como yo aprendí el sentido de la responsabilidad con mi madres; ellos lo han conocido con migo, por esta razón siempre me han colaborado de manera gratificante.
EL FINAL JUSTIFICA LOS MEDIOS
Me atrevo a decir que toda mi vida he trabajado en esto y que gracias a este trabajo que para mi es más que suficiente, porque me ha dado lo necesario a mí y a mis hijos, para sobrevivir y salir adelante. Por eso hoy en día mis hijos ya están grandes y cada cual tiene sus propias familias, gracias a este trabajo logre ese propósito que tanto mi madre como José hubieran querido que así lo fuera.
El orgullo mas grande es ver a mi hijos ya hechos y derechos, con sus propias responsabilidades y estabilidad laboral y familiar; se que he hecho un magnifico trabajo y eso me hace muy feliz, porque a pesar de los duro que me toco y lo sola que estuve, lo pude lograr y hacer realidad. Hoy en día sigo sola, pues como dicen por ahí de que los hijos no son de unos, son prestados y que por lo tanto algún día crecen y se van a cumplir el ciclo de todo ser humano.
Gracias al reconocimiento que he logrado tener por la fritanga que yo preparo, me ha abierto muchas puertas, todos aquí son muy queridos con migo, siempre están atentos a las necesidades y aspiraciones que pueda tener una vieja como yo, sin embargo eso no ha sido motivo de para rendirme y dejar las cosas sin terminar solo por mi estado de salud y físico; por lo contrario ha sido una razón mas para seguir viviendo, hasta que Dios me de licencia y me llame para rendir cuentas, porque si he aguantado lo mas por que no voy aguantar lo menos.
Pero Dios aprieta pero no ahorca, vivo con mi nieto mayor en un apartamento pequeño, el cual lo pagamos él y yo, con lo poco per necesario de mi trabajo y el de él. Agradecida estoy con Dios porque en estos momentos de mi vejes no me ha dejado sola, me ha brindado la compañía de mi nieto, al cual adoro con todo mi corazón y el cual ha sido mi apoyo incondicional y lo seguirá siendo hasta el día en el que yo muera.

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